viernes 13 de enero de 2012

ARUKA - Capítulo Primero

Era una fría tarde de finales de octubre de 2012, en pleno centro de Madrid. En la habitación del hotel Florida, situado en príncipe pío, Susana, una mujer de 26 años, se miró al espejo con gesto preocupado. Estaba pálida, tenía unas ojeras muy profundas. El brillo de sus ojos azules se había apagado. Su pelo negro azabache ya no lucía con la misma intensidad que antes… Desde que llegó ella…

Aruka cerró la puerta del baño de golpe. Vio su reflejo en el espejo de baño, su expresión era furiosa. Dio un puñetazo al centro del espejo, haciéndolo añicos. Ni siquiera se inmutó por la sangre que le caía de la mano hacía el lavabo de porcelana. El iris celeste de sus ojos reflejaba ira y rencor.

 Abrió el grifo de la bañera, pero en lugar de ducharse, cogió el mango de la ducha y comenzó a golpear el filo de la bañera con todas sus fuerzas. No podía estar más enfadada, sus dependientes nunca hacían nada a derechas. Si ella quería hacer algo bien hecho, tenía que hacerlo por sí misma.

 Aruka salió del baño, sin preocuparse por cerrar el grifo de la bañera. Dejando el cuarto de baño de tal manera que parecía que había pasado un huracán. Se dirigió hacia la salita de estar de la habitación. La sangre caía por su mano, pero a la joven no parecía importarle. La herida escocía,  pero tal era su enfado que ese corte era una niñería, a comparación con sus planes.

 Atravesó el dormitorio, el cual también estaba desordenado, La cama de matrimonio estaba desecha y con ropa sobre ella. Había dos mesillas de haya con una lamparita en cada mesilla. La ventana de la habitación estaba abierta y el viento, que azotaba las calles de Madrid, entraba a raudales, empujando las cortinas hacia el interior de la habitación.

 Llegó a la sala de estar, decorada con sencillez. Aruka se sentó a la mesa y encendió su ordenador. Respiraba fuerte y tamborileaba los dedos encima de la mesa, de manera nerviosa, esperando a que arrancara el ordenador. Una vez éste completó de arrancarse, clicó
en el icono del correo electrónico.

Sus mortecinos ojos mantenían la vista fija en la pantalla. Se conectó a internet y abrió la bandeja de entrada. Volvió a clicar en el correo que le había mandado su subordinado. Lo leyó y releyó, su rostro siguió mostrando aquella ira que la había hecho romper
el espejo del baño.     

“Aruka no hemos podido hacerlo.

 No me has dejado explicártelo por teléfono.

 Lo teníamos todo planeado, ella iba a ir a ése lugar, pero se presentó con varios coches de policía. Tienes que entenderlo, no sé cómo se enteró que iríamos a por ella…

Quizás se lo olió, pero no hicimos nada que la hiciera sospechar. Por favor, Aruka, tienes que creerme, sé lo que hago y siempre que me has encargado algún trabajo lo hice a la perfección… Acuérdate de lo de Clarisa, estuviste completamente satisfecha conmigo. Aruka dame otra oportunidad, sabes que siempre estaré de tu lado… No te enviaría este e-mail si no fuera importante. Piénsalo.

Moisés”

Aruka cerró la tapa del portátil de golpe. Tenía la mano apoyada sobre el mentón. Moisés siempre la había obedecido en todo, siendo el autor de muchos “planes” que había llevado a cabo sus descabelladas ideas. Finalmente, se levantó de la mesa y cogió el teléfono móvil.

La joven morena marcó el número de su amante y esperó a que éste contestara. Le había advertido a Moisés antes de encargarle aquel trabajo que si no resultaba se lo pasaría a otro y eso era lo que iba a hacer. Lo tenía decidido, un fallo podrían cometer, pero dos no.

Una voz ronca sonó al otro lado del auricular.

- Si –Sonó una voz ronca de hombre.

- Es tuyo –Dijo Aruka. Su voz sonó fría y distante.

- ¿Qué? –El hombre no entendía nada.

- Es tuyo el trabajo, idiota, tú deberás acabar con ella.

Silencio.

El amante de Aruka, había comprendido a quién tenía que asesinar.

- Hazlo cuanto antes, estoy harta –Ordenó ella cortando la llamada, furiosa.

Aruka colgó el teléfono sin darle la oportunidad de contradecir. Cuando ella “mandaba a hacer un trabajo”
no había que aceptar o no, simplemente había que hacerlo.

Caminó despacio hasta la ventana del hotel y se quedó mirando la grandísima glorieta de San Vicente.
Su cara ahora mostraba una pizca de dicha. Sabría que él intentaría hacerlo, pero tratándose de quién se trataba le costaría muchísimo. Resultaría divertido…

********

Lejos de allí, en la comisaría del barrio de Canillejas de Madrid, los policías terminaban su turno y se marchaban para casa. Solamente se quedaban los que tenían que hacer la guardia aquella  noche.

El edificio se erguía imponente sobre un solar frente a un parque. Era oscuro e imponía a los transeúntes que pasaban por allí.

Los coches de policía se disponían alrededor de este. La entrada se alzaba sobre un porche acristalado.
El interior estaba iluminado por las luces de emergencia y en la recepción no había ningún policía, los que quedaban se habían reunido en la salita de descanso, tomando varios cafés para permanecer despiertos durante toda la noche, aburridos, pasando una noche más.

Sin embargo, una joven policía de 24 años tecleaba en su ordenador, encerrada en el despacho de su jefe, José Martínez, el tres años mayor. A cada rato daba pequeños sorbos de café, para mantenerse despierta.

Estaba sumergida en su último caso de violencia doméstica que le había impuesto su jefe, el Comisario Castilla, porque no quería vincularla al Caso A, de la asesina más buscada desde hacía 6 años, por la relación que mantenía con dicha asesina.

“La investigación sobre el asesinato de la mujer, Alicia Carmona Campos, ha sido desestimada por el juez por falta de pruebas de la policía. El acusado ha sido puesto en libertad hasta que la policía encuentre pruebas más consistentes para acusarlo de homicidio
en primer grado…”


En aquel instante un aviso apareció en su pantalla “Ha recibido un e-mail”. Natalia dejó de teclear al instante y observó el aviso seriamente. “Aruka”.

Era ella, hacía mucho tiempo que no se comunicaban. Pensó detenidamente antes de leer el e-mail. Se imaginó rápidamente que no sería nada bueno si había decidido comunicarse con ella.

Definitivamente, se decidió y clicó en el aviso, abriendo el e-mail. Esperó expectante a que se cargara la página del correo.

En cuanto el e-mail se abrió, lo leyó pausadamente:

“Lo has conseguido, hermanita.

Has conseguido salir con vida. Pero no te atrevas a cantar victoria, recuerda, queridísima Natalia, recuerda que estás en mi lista y yo siempre cumplo todo lo que me propongo… Y lo sabes .

A”

Natalia se echó hacia atrás en la silla giratoria, pensativa. Había conseguido poner una traba más en su camino y había salvado su vida. Pero no sabía por cuánto tiempo podría seguir huyéndola, pues, como bien decía en el e-mail, Aruka cumplía todos y cada uno de sus propósitos.

********

Aruka salió tranquilamente de su habitación. Por su mente maquiavélica ya se hurgaba un plan. Bajó por el ascensor y llegó al parking del hotel.

Una vez bajó al sótano, se montó en un SEAT león negro con las lunas tintadas. Metió la llave en el contacto y la giró.

El vehículo arrancó, pisó el acelerador y condujo velozmente, controlando el automóvil.

Iba a dar un paseo por cierta avenida Arcentales…

*******

Natalia había decidió hacer caso omiso al e-mail recibido y continuó con su trabajo. Estaba tan concentrada de nuevo en su informe que no se dio cuenta que el móvil le vibraba encima de la mesa. Pero justo a tiempo, como si ya supiera que el móvil sonaría, agarró el terminal y contestó la llamada.

- ¿Quién es?

- Hola, princesa ¿no me reconoces? –Dijo una voz masculina al otro lado.

Natalia se quedó pensativa, reconociendo aquella voz.

- ¡Pues, claro! ¡Cómo no iba a reconocerte!... Marcos ¿Por qué me llamas a estas horas?

- ¿No te acuerdas?... Quería ser el primero en felicitarte y creo que lo he conseguido.

- ¿Por? ¿Qué día es? –Natalia no tenía ni la menor idea de lo que se refería él, por más que lo pensara no caía en la cuenta.

- Te quiero, amor, pero debí suponer que te olvidarías,… Mañana es nuestro aniversario, hace un año que decidiste ser mi chica,  a pesar que hemos sido vecinos siempre,… Aún recuerdo aquel día… - Marcos comenzó a imaginar.

- No por favor, no me lo recuerdes, no he pasado más vergüenza en mi vida – Confesó la chica cohibida.

- … Recuerdo a Remus, mi pastor alemán, colándose por la verja de tu jardín y cogiendo la parte de arriba del bikini… Mostrándome una agradable vista, pero llegó tu hermana y lo estropeó todo – Recordó Marcos – Por cierto ¿sigues sin saber nada de Susana? –

- Está muerta y enterrada – Sentenció ella molesta por dicha pregunta, no soportaba que le nombraran a su hermana.

En ese momento la luz de la comisaría dejó de funcionar. Los ordenadores se apagaron y todo se quedó a oscuras. Incluso, como por casualidad, el móvil de la chica se quedó sin cobertura. De modo que, dejó el móvil encima de la mesa y salió del despacho.

La joven buscó a alguno de sus compañeros, a ninguno encontró, pensó que habrían ido a buscar el panel de la luz, al igual que ella. Se paseó por la comisaría y buscó los fusibles de la luz.

- ¡Qué raro! –Susurró Natalia - ¿Por qué están las luces de emergencia apagadas? ¿Qué es lo que sucede aquí? ¿Por qué no hay nadie? –

Siguió caminando y llegó a las escaleras que conducían a los calabozos. Pero se mantuvo de pie, ya que le daba miedo la oscuridad y, a su vez, sentía cierta claustrofobia. Cerró los ojos y los apretó fuertemente.

Aquel sótano no le gustaba para nada, ya que tenía ciertos recuerdos de su infancia con un sótano similar en su casa y, precisamente, no eran agradables. Respiró profundamente y buscó un recuerdo alegre…

Cuando un aliento frío le empezó a recorrer la espina dorsal. Su mente se quedó en blanco y, en tan sólo unos segundos, se desvaneció en el frío suelo de la comisaría…

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